Mateo Chica explora el concepto de oralidad e investiga en torno a la idea de embuste. En su residencia propicia un contexto narrativo a través de diversos ejercicios que sonsacan historias basadas en vivencias, sueños o anécdotas.
Todas las estrategias que el artista comparte con sus colaboradoras busca el desfase, la distorsión o desvirtuación de las palabras a través de su transfiguración y puesta en relación con la imagen. Propone elementos, como máquinas de escribir defectuosas, que esquivan una traducción directa al papel de aquello que se quiere contar y provoca la creación de relatos colectivos.
Al final de la residencia, con todo un cúmulo de historias e imágenes, deciden crear una serie de vestimentas que atestiguan esas narrativas y que pudieran ser empleadas como medio para contar esas historias